¿Pueden ser inferidos los procesos cognitivos a partir de datos de neuroimagen?

Créditos de la imagen: The 7 Triggers to Yes

 

¿PUEDEN SER INFERIDOS LOS PROCESOS COGNITIVOS A PARTIR DE DATOS DE NEUROIMAGEN?

Una de las principales demandas en el ámbito jurídico es la pericia psicológica forense. Por ejemplo una persona tiene que ser evaluada para conocer si presenta rasgos de psicopatía. Uno de los aspectos cruciales para los encargados de impartir justicia es la objetividad de la evaluación. Para lograrlo, una de las propuestas fue emplear los datos que proveen las Neuroimágenes.

En este contexto, ¿sirven las Neuroimágenes para hacer inferencias inversas?

Para saber que es una inferencia inversa primero hay que conocer que es una inferencia directa. En la mayor parte de los experimentos el investigador mide algún proceso mediante una tarea diseñada específicamente para objetivarlo (por ejemplo, atención ejecutiva a través de la “Attentional Network Task - interaction vigilance”). Si al mismo tiempo que una persona realiza esta tarea se la observara mediante una resonancia magnética funcional, se encontrará que hay áreas del cerebro que presentan cambios en su flujo sanguíneo. De forma coloquial, estos cambios se conocen como la “activación” de las regiones cerebrales X involucradas en el proceso estudiado. Tras la acumulación de suficientes investigaciones que demuestren este fenómeno y una adecuada revisión de la literatura neurocientífica, se propondrá la existencia de determinadas regiones cerebrales asociadas a la atención ejecutiva.

Sin embargo, en el caso del proceso judicial con que empezamos, si nos trajeran una persona para evaluar sus niveles de, por ejemplo, psicopatía, habría que hacer el camino inverso en comparación con el ejemplo de la investigación sobre atención ejecutiva. Es decir, tendríamos que inferir a partir de los datos ya conocidos sobre psicopatías si el cerebro de nuestro paciente presenta dichos rasgos.

Vamos a analizar qué se necesita para hacer una inferencia inversa. En primer lugar, se necesita una base de conocimientos ya acumulados sobre la actividad hemodinámica en psicópatas. Por ejemplo, está comprobado que en tareas de Theory of Mind (TOM) que evidencian empatía, los psicópatas muestran nula activación de la corteza medial prefrontal durante tareas TOM, mientras que los no-psicópatas evidencian elevada activación en la misma región. En segundo lugar se necesita pasarle una tarea y realizarle una medición a nuestro paciente (en este caso, el acusado).

"Los datos de Neuroimágenes se encuentran en una vía media frente a los dos extremos."

Llamaremos Evento 1 al resultado de la medición de la actividad hemodinámica en la persona acusada luego de pasarle la tarea TOM. Supongamos que se encontró nula actividad en la corteza medial prefrontal. Esto aumenta las probabilidades de psicopatía, pero por supuesto, no lo determina. Por ejemplo, en trastornos del espectro autista se encuentra el mismo patrón. Sin embargo, si aumentamos la cantidad de pruebas, encontraremos distinciones entre la actividad cerebral psicópata en comparación con la autista. Hay evidencias de que los psicópatas tienen buen rendimiento en tareas de funciones ejecutivas frías, siendo lo contrario para personas con autismo severo (Evento 2). Además, se necesitaría incorporar nuevas tareas para lograr diferenciar estos patrones. Por ejemplo, podríamos agregar una tarea que presente rostros agresivos (Evento 3). En la psicopatía se encontró elevada actividad en la parte prefrontal anterior del hemisferio derecho, mientras que eso no ocurre en personas con autismo.

Luego de estos tres eventos (TOM, funciones ejecutivas frías y rostros agresivos), si se encuentra el patrón “nula actividad medial prefrontal, elevada actividad dorsolateral prefrontal y elevada tasa metabólica anterior prefrontal derecha”, hay mayores probabilidades de estar ante un caso de psicopatía. Sin embargo, esta conclusión no es determinante, simplemente nos ha ofrecido mejores indicaciones para tomar una decisión. Por lo tanto, las personas que tienen un elevado conocimiento base de neurociencia cognitiva & afectiva solo pueden llegar a mejorar las probabilidades de acierto, pero no pueden ofrecer conclusiones determinantes. Esto se debe a que en la actualizad existen pocos paradigmas de neuroimagen que sirven para la llamada “psicología basada en la evidencia” (en un futuro artículo los detallaremos). Por suerte, esta disciplina se encuentra en constantes avances, lo cual implica un proceso de mejoras y refinamientos de las tareas cognitivas y de determinación de las áreas cerebrales involucradas. Para lograrlo, el procedimiento que se utiliza es la lógica bayesiana, es decir, un algoritmo potente de inferencias inversas.

En el estado actual de la ciencia, los datos de Neuroimágenes se encuentran en una vía media frente a los dos extremos: a) las Neuroimágenes brindan datos completos de estados psicológicos; b) las Neuroimágenes no sirven para nada.

Ni a ni b. Una de las cuestiones más difíciles es asumir los términos medios, estados de crecimiento, desafío e investigación. Es una disciplina que tiene mucho por mejorar, desde los equipos de resonancia y los algoritmos que usan los software, hasta el diseño de las tareas cognitivas. Y por supuesto, nunca olvidar la variabilidad personal, porque se sabe que “a cada cuál su cerebro”. Jamás se ha encontrado dos cerebros iguales.

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Sobre el Autor: Julián Marino

Doctor en Psicología. Especializado en Resonancia Magnética aplicada a la Psicología. Post Doctorado en las Universidad de Granada (España) y Utrecht (Holanda). Tiene publicaciones en diferentes revistas especializadas. Su trabajo está aplicado a la Regulación Emocional y las Funciones Ejecutivas. Es docente de la Universidad Nacional de Córdoba y director del Laboratorio de Neuroimágenes de esa universidad.